76.Animales de compañía, mascotas

La ternura y el cariño son en muchos casos la mejor medicina, y no siempre nos llegan de seres con dos piernas. De esto ya se han dado cuenta algunos centros y profesionales que están poniendo en marcha programas de Terapia Asistida con Animales. Porque los animales, además de otras muchas cosas, también pueden ser terapéuticos.
Primitiva Arroyo tiene 86 años. Hace cuatro que se murió su gata e inmediatamente no dudó en adoptar otra pues, según dice, la gata es la única que le hace compañía cuando está sola en casa. Y eso ocurre todos los días, durante el día, porque por la noche duerme, por un miedo que ni la gata alivia, en casa de sus hijos. Además, por la mañana se ocupa también de las gallinas a las que trocea todo tipo de verduras y hortalizas con la atención con la que una madre cocinaría para sus hijos, a la vez que a la gata le prepara la misma merienda que a sus nietos. Y son estos los que, sin rencor, le han regalado todo un rebaño de ovejas, y pollos, y hasta un oso, pero de peluche, a falta de espacio para uno de verdad. Y ella, Primitiva, no la gata, se queja y protesta por los regalos, pero no porque no le gusten los animales, sino porque en el fondo desearía que fueran de verdad.
Las investigaciones han demostrado que la terapia con animales produce beneficios físicos, psicológicos y sociales.
Ignacio García tiene 12 años. Con tres, no era capaz de mirar a los ojos a nadie y sus relaciones con otros niños o adultos eran hechos aislados. Su madre, psicóloga clínica, creyó que padecía un tipo de autismo leve, y decidió someterle a una terapia asistida con animales en una granja-escuela. A los diez días el niño empezó a responder al tratamiento, comenzó a mirar a los ojos y a relacionarse con mayor confianza. A los pocos meses ya se atrevía a hablar con otros niños de su clase, y al año dirigía la palabra a su profesora. Ignacio había superado su timidez patológica, pues no era autismo su problema. Hoy día Ignacio es un niño cariñoso, agradable y de trato cálido.
Estos son sólo dos ejemplos de los muchos que demuestran algo que unos pocos ya sabemos: el contacto con los animales, y con la naturaleza en general, ayuda a lograr un estado de bienestar y salud.
Los pioneros
La Fundación Animales y Sociedad, más conocida como Fundación Purina, parece ser la pionera en España en la implantación y financiación de programas que consisten en terapias asistidas por animales de compañía, todas ellas controladas científicamente. Los resultados de estos estudios se vienen difundiendo en los congresos internacionales "Animales de compañía: fuentes de salud", organizados por esta Fundación desde 1990, y dirigidos a psicólogos clínicos, psiquiatras, médicos, educadores especiales o terapeutas, entre otros profesionales.
María Dolores Torner, directora gerente de esta organización, explica que cualquier programa planteado desde Purina exige por parte de los centros un seguimiento, un estudio y una medición de los resultados, datos que son compartidos con otros centros y con la comunidad científica.
En este sentido, sus esfuerzos se están centrando en elaborar manuales para la medición de la eficacia de la Terapia Asistida por Animales de Compañía en distintos tipos de centros: penitenciarios, geriátricos, para disminuidos psíquicos u hospitales psiquiátricos, entre otros. "Es preciso asegurar que lo que se hace tiene valor social, que se sustenta en una base científica. Para ello es preciso tecnificar la medición por parte de los profesionales", comenta Torner.
Además de esta organización, la mayoría de las actuaciones en torno a este tipo de terapias surgen de iniciativas individuales, como es el caso de la psicóloga clínica Isabel Salama, quien comenta que el animal actúa de co-terapeuta en la medida en que favorece y propicia la comunicación con mis pacientes. La Terapia Asistida con Animales es una parte más del tratamiento que llevo a cabo como psicóloga".
Salama, quien se adentró en este campo tras visitar un centro para la reinserción de sociópatas en California (Estados Unidos), y observar que respondían de forma satisfactoria a una experiencia con caballos, señala la importancia de tener paciencia con este tipo de tratamientos: "No hay dos pacientes iguales. Unos pueden responder de manera inesperada en unos pocos días o semanas, pero otros tardan meses en manifestar una respuesta al tratamiento. Los resultados no son inmediatos".
